martes, 3 de mayo de 2011

No la toques

¿A qué hora piensas llegar a la casa?- dijo su mamá exaltada porque ya eran muy seguidos los días que ella llegaba tarde a su casa después del colegio. – Mamá, pero te dije que me iba a demorar un poco, cálmate, ya acabo con mi trabajo  – Fernanda, ya van a ser las nueve de la noche, hija, vuelve inmediatamente.
Fernanda, la verdad, no estaba haciendo su trabajo. Se había pasado toda la tarde en la casa de su amigo Gustavo conversando con él, escuchando música y viendo un poco la televisión. A ella le importaba muy poco llegar tarde a su casa, para ella era costumbre hacerlo, total su mamá también salía mucho y su papá trabajaba en el día y llegaba a casa a las once. Después de dos minutos, cuando el papá de Gustavo llegó a la casa, Gustavo se puso nervioso. Él sabe que no puede estar perdiendo el tiempo jugando y si su amiga estaba ahí debería ser por un trabajo. Pronto abrió un archivo de la computadora y le dijo que le siga el juego. Su papá entro a su cuarto y solo lo saludo, no dijo nada más. Después de aquello, y después de recibir el regaño de su mamá por teléfono, Fernanda supo que ya era hora de regresar a su casa. –Gus, ya me voy - ¿Cómo te vas? – en micro… -oye, tonta, si tienes para un taxi mejor anda ahí. Es más rápido –bueno, está bien. ¿Me acompañas a tomar uno? – Fer, no puedo. Como verás mi papá acaba de venir y creo que está un poco molesto. – ok, no te preocupes.
Fernanda salió de la casa de Gustavo con todas las intenciones de tomar un micro. Por supuesto que tenía para un taxi, pero le daba mucho miedo tomar uno; así que se paró en el paradero junto con una muchedumbre que también esperaba algún transporte público. Pasaron dos, diez, treinta minutos y todos los colectivos que pasaban llegaban muy llenos y a las personas no les importaba, simplemente seguían entrando para hacer de ese vehículo un envase de atún. No lo soportaba más y, sí, se estaba haciendo tarde. Cuando vio el colmo de pasajeros empujándose uno tras otro para entrar a un bus grande que  no tenía espacio para más, decidió tomar un taxi.
 – ¿A la molina? – doce soles – ¿diez? – está bien. La típica rebaja. Ella sabe muy bien que no le pueden cobrar tan caro desde surco hasta la molina; sin embargo, prefiere que no le cobren tan barato porque, por ética, es de desconfianza. El taxi avanzó aparentemente con velocidad, mas al terminar la calle entrando a la avenida principal vio muchas luces apuntándole en la cara. Era el peor tráfico con que se hubiera topado alguien en su vida. Ella necesitaba que el carro volara para llegar en 5 minutos a su casa de ser posible, ya que si se demoraba mucho, su mamá se iba a preocupar peor. – señorita, hay mucho tráfico – lo veo, ¿no hay forma de saltar todo esto? – sí, creo que por acá hay una calle alterna.
Primero, entraron a la avenida principal y salieron por una calle auxiliar para evitar el tráfico. Fernanda pasó por muchas casas antiguas, casetas y parques grandes; poco a poco, comenzó a ver terrenos vacíos y condominios; finalmente, las calles se volvían más oscuras y la pinta que tenían era para preocuparse… - señor, ¿dónde estamos? – Seguimos en surco, vamos a tomar la siguiente salida para tomar la avenida… - bueno. Fernanda veía esto muy raro. Por momentos, Fernanda notaba que el taxista aumentaba la velocidad y por las zonas que faltaba la luz la disminuía. Así, pasaron 10 minutos y en vez de tomar la siguiente salida que indicó continuar, el taxista siguió de frente. Fernanda no dijo nada, pero ya sabía de qué se trataba, esto era un secuestro o algo peor. En ese instante, el taxista disminuyó un poco la velocidad. En un movimiento brusco abrió la guantera y comenzó a buscar algo entre todos los cachivaches que tenía en ese lugar. Cuando ella vio ese movimiento; de miedo abrió la puerta del taxi y salió corriendo. No le importó a donde iba, simplemente, quería desaparecer de ese mal hombre. Escuchó que el carro volvió a moverse. Pensó que tal vez la buscaría de nuevo; por tal motivo, corrió, corrió y corrió para perderlo de vista. Encontró un parque solitario donde decidió permanecer ahí sola por un momento hasta encontrar una caseta o un serenasgo. Fernanda se sentía con toda la impotencia del mundo y tenía demasiado miedo, esos sentimientos se juntaron cuando comenzó a llorar.
De repente vio como un carro se acercaba al parque. Ella saltó de miedo con el ruido del motor y se escondió en unos matorrales. Cuando el carro se acercaba, vio unas luces de color azul en este. Sus ganas de pedir ayuda fueron enormes; por ende, salió de su escondite y detuvo el carro. Los patrulleros vieron el terror en los ojos de Fernanda. Ellos le preguntaron si estaba bien, pero fue inútil; ella solo balbuceaba, pues estaba en un shock emocional.- tranquila, te vamos a llevar a la comisaria donde nos contarás lo que te ha sucedido.